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¡El placer de CONVIVIR en FAMILIA!

Como la famosa canción de Rubén Blades: “Familia es familia y cariño es cariño”. Pensar en una familia perfecta es crearse una falsa historia, pero construir un entorno familiar armonioso, claro que es posible. ¿Y cómo no serlo? Si en el hogar nacemos, nos educamos y desarrollamos. Por naturaleza, ya nuestro vínculo en casa está conectado por el amor propio de la sangre que nos une, pero entonces, ¿qué lleva a la ruptura en algunos casos de este pilar que no siempre es tan sólido?

Los valores, las normas y los principios juegan un papel esencial y su ausencia es lo que puede crear determinadas dificultades. En esta oportunidad y con motivo del Mes de la Familia, nos permitimos compartir algunas claves para hacer que la convivencia tenga un resultado placentero.

  • Establecer responsabilidades como principio primordial de equidad, justicia y colaboración. De acuerdo a las edades, se deben distribuir las tareas entre todos los miembros del hogar y de esa forma será mucho más llevadera la estructura de la casa; valorando además que todos tenemos distintas cosas que hacer dentro y fuera del hogar y por lo tanto, no es correcto que la carga de las acciones familiares caiga en una sola persona.

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  • Aprender a comunicarnos, y es que cuando nos llevamos por suposiciones en vez de aclarar, es cuando se generan los malos entendidos. A veces las situaciones son pequeñas y fáciles de solventar, pero cuando pasa el tiempo se van acumulando y se hacen más grandes de lo que realmente eran al comienzo. Lo importante si nos equivocamos es que pidamos disculpas porque errar es de sabios y rectificar es de valientes.
  • Dedicarnos espacio para compartir. Por encima del ritmo tan acelerado y del día a día que en muchas oportunidades nos consume, siempre deben existir alternativas para disfrutar de nuestra gente. Muchas veces esto se establece dentro de las normas del hogar; lo importante es que nos demos el momento para comer juntos, ver una buena película, preguntarnos cómo nos fue en el día o simplemente sentarnos en el sofá y vivir el gusto de un cálido abrazo.

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  • Aceptar la forma de ser de cada integrante de nuestra casa, respetando además, la privacidad que cada uno necesita para hacer determinadas cosas por separado. Con ello es importante comprender que todos somos diferentes y por tanto, así como tenemos un vínculo que nos une, también requerimos llevar a cabo una vida individual.
  • Celebrar los logros, y es que el éxito de un miembro del hogar fortalece a la familia como organización donde se solidifican los valores. Por eso es fundamental apoyarse y disfrutar de la alegría que trae alcanzar un mérito con constancia y dedicación, de la mano de la gente que nos quiere y acompaña.
  • Mantener siempre el respeto. Aunque es la última recomendación, quizás es la más importante para garantizar que exista una verdadera unión familiar. Respetarnos es la base de toda convivencia armoniosa y aunque surjan puntos de vista distintos, no se debe caer jamás en el irrespeto porque es ahí donde rompemos el hilo de los límites y pasamos a abusar del otro.

El perdón en la familia

Al final de cuentas, lo más importante es apoyarnos como familia, comprendernos y valorarnos, saber que no somos ni pretendemos ser perfectos, entender que cada entorno familiar tiene un patrón y una estructura distinta, pero lo que no debería faltar en ningún hogar es expresar el amor que sentimos por nuestra gente, no sólo con palabras sino con hechos.

La familia es un núcleo que trasciende y en ella se establece la estructura para sembrar principios y valores, los cuales se reflejan no sólo dentro de casa. Por eso es tan importante darle prioridad y calidad a la convivencia familiar, forjando sanas acciones que se multiplicarán en beneficio de una mejor sociedad.

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Alejandro Marcano Sangronis

@alexmarcano26

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Saber vivir en comunidad

¡Saber convivir! En todo ámbito en el que nos desenvolvemos estamos rodeados de personas y con ello, nos sumergimos en un universo de ideas, opiniones y formas de pensar. Desde nuestra familia, pasando por compañeros de trabajo, vecinos y amigos, nos damos cuenta que todos tienen maneras diferentes de vivir y en su espacio se desenvuelven de acuerdo a las reglas, principios o valores que se han establecido individualmente.

¿Pero qué pasa cuando nos toca involucrarnos en decisiones colectivas para avanzar por un bien común?

Muchos de los conflictos que se viven a nivel social van más allá de un factor político o económico, privando la falta de moral dentro de una cultura donde no existe el valor de la convivencia y donde toma protagonismo el beneficio independiente sin importar lo que nos rodea.

Es eso lo que ya conocemos como la pérdida de valores y es ahí donde debemos detenernos y analizar el espacio en el que nos desarrollamos, ya que sin duda, para construir un mejor entorno debemos empezar por escuchar, tolerar y respetar las opiniones de los demás, a fin de buscar soluciones que nos puedan favorecer en conjunto.

Vivir en comunidad es el fruto de un convenio entre personas que se desarrollan en un espacio y tiempo determinado; es ahí donde se fundamentan los valores compartidos entre la mayoría de sus integrantes, estableciendo costumbres y creencias comunes a fin de buscar que prevalezca la subsistencia apropiada para el bien de todos.

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Pero cuando no se llegan a acuerdos es básicamente por una falta de comunicación, y es entonces cuando comenzamos a ver a esas comunidades afectadas y desorganizadas, guiadas por antivalores como los gritos e insultos, formas de vida alejadas de los buenos modales, incumplimiento de las responsabilidades económicas, irrespeto a las normas internas, y todo esto conlleva a malos tratos.

No cabe la menor duda que las sociedades exitosas son las que dan prioridad a la cultura de valores; sólo basta con dirigir nuestra mirada en comunidades que van en vía de crecimiento y notaremos que en ellas reina el respeto como fundamento primordial, se exhibe la decencia en el comportamiento, la responsabilidad en las tareas y funciones, el cumplimiento de los acuerdos comunes, la participación como forma de evolución colectiva, pero sobre todo, la educación en las nuevas generaciones, apoyada en la construcción de principios y buenas actitudes.

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Alejandro Marcano

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Dando VALOR a mi BIENESTAR

Pensar en el bien colectivo debería ser una condición natural del ser humano, pero para valorar a los demás es fundamental lograr el bienestar personal. Es cierto que no todos creemos o queremos lo mismo, también queda en claro que alcanzar el bienestar es algo relativo y quizás hasta complejo para muchos, pero más allá de ello, una característica común es la felicidad, vista por algunos como una meta inalcanzable cuando realmente nuestros hábitos y acciones deberían llevarnos siempre a este camino.

Así como dicen que las reglas empiezan por casa, de la misma manera podemos ver que para relacionarnos en comunidad es esencial aprender a vivir con nosotros mismos, desde el propio –yo-, aceptando nuestros defectos y virtudes, diciendo lo que sentimos, pero también permitiendo que los demás puedan expresarse con respeto y educación.

La felicidad no es suprema aunque podemos hacer de ella un práctica cotidiana, disfrutando cada momento al máximo, luchando por lo que queremos con objetivos claros y realistas, buscando sentirnos bien tanto física como emocionalmente e intentando ser mejores personas, ya que nuestro equilibrio es el que nos permite valorarnos y hacer lo mismo con quienes nos rodean.

Es ahí cuando relacionamos el bienestar individual con el colectivo, y lo ideal sería que nuestros pasos conduzcan a acciones que nos permitan ser felices, pero que también involucren al entorno que nos rodea (familia, trabajo, estudios, vecinos, país, entre otros aspectos).

Eso se traduce en armonía y se vincula directamente con 7 grandes claves:

  1. Apreciar lo que tenemos.
  2.  Valorar a la naturaleza y toda la energía que nos transmite.
  3. Agradecer a la vida por cada experiencia que se nos presenta.
  4. Compartir tiempo de calidad con la gente que amamos.
  5. Aprender de cada situación vivida por muy dura que pueda ser.
  6. Pensar en positivo para crear nuestra propia realidad.
  7. Contribuir con los demás no sólo desde lo material, sino con nuestro tiempo y dedicación.

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Por: Alejandro Marcano Sangronis

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¡Rescate de VALORES!

Al parecer a muchos se les olvida practicarlos y otros por razones desconocidas se han dado por vencidos y piensan que ya eso es cosa del pasado.

En esta oportunidad nos referimos a la pérdida de valores que no consiste en una ausencia de éstos sino en una falta de orientación frente a cuál rumbo seguir en nuestra vida. Por lo tanto, la pregunta a plantearse no es ¿adónde van a parar los valores? sino ¿qué somos capaces de hacer para cultivarlos? Es momento de retomarlos.

Frente a este tema salen a relucir dos aspectos esenciales para nuestro desarrollo: la educación y la familia: ¿Hasta qué punto nuestros gobernantes ponen todos los medios necesarios para impulsar calidad en el aprendizaje académico y humano? ¿Cómo se promueve la participación de la familia en la educación de los hijos?

Más allá del factor externo, cada ciudadano desde la función que ejerce en la sociedad debe tomar conciencia de los efectos que dejan sus actitudes en la construcción de un entorno más justo donde se respete la dignidad del ser humano.

Aunque los valores sean complejos y de diferentes clases, al desarrollarse, todos llevan y tienen como fin, mejorar la calidad de nuestra vida.

Desde esta perspectiva, te invitamos a contribuir en el rescate de los valores, poniendo en marcha las siguientes acciones:

  1. Mantén una actitud acorde y sé abierto en tu forma de tratar a las personas.
  2. Los VALORES son nuestros pilares para poder mantener una relación positiva en la sociedad.
  3. Aprende a valorar lo que tienes y no lo que has perdido.
  4. Usa tus principios con astucia y ten el valor para no perderlos.
  5. Protege tus valores y ponlos en práctica todos los días.
  6. Si valoras la amistad, serás más rico que si valoras el dinero.
  7. Valorar no consiste en hacer lo que se quiere, sino en hacer lo que se debe.
  8. El respeto y la educación son la base de toda relación.
  9. Los valores son enseñanzas recibidas en casa.

En un mundo que se ha hecho tan complejo se hace necesario recuperar los valores pero: ¿Sabemos cómo nos impactan? ¿Estamos dispuestos a modificar nuestros comportamientos, actitudes y ambiciones? Estamos llamados a pensar más allá de lo individual para construir en positivo desde lo colectivo.

Te recordamos que nos puedes seguir e interactuar con nosotros en:

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Alejandro Marcano

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¡Que sencillo es ser AMABLE!

¡Volver a lo básico! ¡Recuperar lo que fuimos alguna vez! ¡Rescatar los valores que hemos perdido! Suelen ser algunas de las expresiones que escuchamos comúnmente en muchas personas, unidas a frases como: ¡En mis tiempos las cosas no eran así!

Analizar si determinada época es mejor que otra, no es el sentido de este artículo; lo que sí es cierto es que estamos llamados a recuperar y mantener elementos claves para una sana convivencia; y todo esto se apoya en un valor esencial: LA AMABILIDAD.

Ser amable es tan sencillo y sólo consiste en aplicar un poco de generosidad. Además, una persona amable siempre es respetada y valorada. Te invito a poner en práctica los siguientes consejos y a ser agente multiplicador no únicamente con palabras sino con acciones. Los resultados los verás por ti mismo y en poco tiempo.

  • Saluda: No hay una cosa más agradable que un saludo afectuoso.
  • Llama a la gente por su nombre: La música más grata para el oído de cualquier persona es el sonido de su propio nombre.
  • Sé generoso en tus opiniones: Las críticas moderadas pueden ser mejor valoradas.
  • Sé cuidadoso en relación a los comentarios de otras personas: Ante cualquier opinión, siempre es importante analizar todos los factores.
  • Sonríe: Se necesitan 72 músculos para arrugar la frente y sólo 14 para sonreír; así que en estos casos también vale la pena aplicar la economía.
  • Muestra interés por los demás: Puedes ser agradable para todos siempre que brindes atención y sinceridad.
  • Sé considerado en los sentimientos de quienes te rodean: De esa forma serás gratamente apreciado.
  • Presta ayuda cuando sea posible: Lo que más cuenta en la vida es lo que hacemos por los demás.
  • Mantén el control. Ante situaciones difíciles piensa varias veces lo que vas a decir.

Aquí compartimos contigo un hermoso video que explica claramente lo que es el don de la amabilidad, ¡DISFRÚTALO y COMPARTE!

Lo más valioso con todo esto es que una acción amable siempre da pie a otra. Marcar el cambio en positivo depende de cada uno de nosotros y sólo así podremos ir construyendo una verdadera cultura de valores que se multiplique en el tiempo.

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Alejandro Marcano

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Hablemos de valores

La identidad, respeto y compromiso son sentimientos de acción y reacción que se desprenden del aprendizaje y de las emociones inculcadas como soporte de los pasos conscientes que damos y que se resumen en una palabra de gran peso: VALORES.

Hablar de valores es referirnos a las normas de conducta y actitudes según las cuales regimos nuestro comportamiento de acuerdo a lo que consideramos que es apropiado. Las virtudes o valores son la base para la formación humana, convirtiéndose en un elemento motivador de las actitudes que desarrollamos.

Si bien es cierto que los valores nacen de la principal organización en la que nos desenvolvemos que es la familia, ésta es sólo el impulso para la estructura que cada persona va formando de acuerdo a lo que es y no es correcto.

Hay valores comunes que nos identifican y que nos permiten trabajar en conjunto por un mismo fin, siendo verdaderos principios de vida que rigen la conducta cotidiana. Es sencillo guiar nuestros pasos con: CORDIALIDAD, hablando y actuando con agrado al momento de hacer algo por los demás. La CONFIANZA es esencial y conlleva a la formación de una buena relación. La COMUNICACIÓN es la pieza clave para entendernos. SABER ESCUCHAR nos permite también transmitir SINCERIDAD. Por último y no menos importante, AGRADECER Y SALUDAR es la garantía de lo que seguramente se transformará en aprecio.

Juntos podemos poner en marcha los elementos claves de una sana convivencia. Seamos agentes multiplicadores de las buenas prácticas, apliquemos mejores acciones que involucren a quienes nos rodean porque construir un entorno en positivo depende de cada uno de nosotros.

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Alejandro Marcano

 

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El valor de saber comunicarnos

Tener una saludable comunicación en el entorno en que nos desenvolvemos, posibilita un ambiente de armonía; así los distintos miembros de nuestro hogar, trabajo o espacio de convivencia pueden compartir de manera respetuosa y solidaria. Además, permite que exista una mayor comprensión de las diferentes necesidades y personalidades, por lo que cada individuo es apreciado y aceptado tal y como es.

Con facilidad podemos perder de vista que la comunicación entra en el campo de los valores. Lo cierto es que gracias a ella logramos intercambiar pensamientos, ideas y sentimientos con las personas que nos rodean, en un espacio enmarcado en la cordialidad.

Para lograr una buena comunicación es recomendable:

-Mostrar interés por los demás y que quienes se acerquen a nosotros sientan que tienen algo importante que decirnos, bien sea para expresar una idea, tener una cortesía, participarnos de sus preocupaciones, solicitar nuestro consejo o ayuda. No hay una forma más agradable de responder al gesto que con la debida atención que esa persona merece.

-Aprender a ceder, ya que hay gente que siempre cree tener la mejor opinión. Una comunicación efectiva es comprensiva y conciliadora para obtener los mejores frutos y estrechar las mejores relaciones interpersonales.

-Sinceridad ante todo, expresando lo que pensamos, principalmente si sabemos que es lo correcto en situaciones que involucran la moral, buenas costumbres y hábitos. Si deseamos el bien de los demás, procuraremos decir las cosas con delicadeza y claridad para que entiendan nuestra intención.

-Comprender los sentimientos ajenos, evitando hacer burlas, críticas o comentarios jocosos respecto a lo que expresan.

Una buena comunicación es la principal herramienta para la resolución de cualquier conflicto, y es que con ella se pueden construir soluciones positivas dentro de un clima en el que todas las opiniones cuentan y las distintas posiciones son escuchadas y respetadas.

Seamos agentes multiplicadores de las buenas acciones. Hagamos de la sana comunicación, una cultura de valores para construir un mejor entorno.

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Alejandro Marcano

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¿Dónde comienza la formación personal?

Resulta interesante analizar por qué la familia es el lugar ideal para forjar los valores. A través de ella, alcanzamos un modo de vida más humano y tolerante que luego es transmitido a la sociedad en general.

La familia no sólo reside en encuentros habituales, momentos de alegría y en solventar problemas cotidianos. Su función nace y se desarrolla cuando cada uno de los miembros que la conforman, asume con responsabilidad y satisfacción, el papel que le ha tocado desempeñar; buscando el bienestar, desarrollo y felicidad de todos sus integrantes.

Es ilógico pensar que la convivencia cotidiana no presenta diferencias, desacuerdos o discusiones. La solución no está en comprobar quién manda o tiene la razón, sino en mostrar que somos comprensivos y contamos con el autodominio para controlar los disgustos, en vez de entrar en un enfrentamiento donde por lo general, nadie queda del todo convencido. Normalmente, los conflictos cuyo resultado es desfavorable para cualquiera de las partes, disminuyen la comunicación y pueden afectar en el buen trato.

En este sentido, si nos preocupáramos un poco más por cultivar los valores en familia, todo a nuestro alrededor cambiaría, las relaciones serían más cordiales y duraderas. La unión en el hogar va más allá de la posición económica, ya que los valores humanos no se compran; estos se viven, se otorgan y se transmiten.

Hoy damos comienzo a un ciclo de comunicaciones apoyadas en la cultura de valores porque construir el entorno de queremos depende de hacer valer las buenas acciones.

 Alejandro Marcano

@hablemosvalores