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¿Emoción o conciencia?

Por Alejandro Marcano Sangronis: @alexmarcano26

Inteligencia emocional pareciera ser una definición con mucho peso en los últimos años. El texto que lees en este momento no busca definir alguna virtud en particular, pero sí pretende salirse de la estructura que tienen los artículos anteriores de este segmento, con el propósito de darte justo valor a la conciencia y a la fuerza que nos motiva para alcanzar nuestras metas.

Hoy por hoy, los estudios expresan que las decisiones que tomamos deben dar espacio a las emociones en el marco de la autoconciencia. Es así como se ha logrado entender que no podemos desligarnos de lo que nos sucede en el diario acontecer, bien sea en la casa, en la calle, el trabajo o centro de educación; lo que sí es realmente fundamental es aprender a controlar o manejar nuestras sensaciones al momento de llevar a cabo determinada acción.

Pareciera sencillo creer que el mejor gerente de una empresa exitosa fue el estudiante más destacado en su carrera universitaria. También podríamos pensar que un político con una gestión aceptable siempre fue el más carismático o popular en su comunidad. Quizás sea así en algunos casos, pero puede suceder que no lo sea en otros. Al analizar distintos elementos, logramos notar que las capacidades se van desarrollando para guiar las decisiones, pero el verdadero motor que impulsa a un buen gerente, líder, amigo o ciudadano en general es la motivación que pone en todo lo que hace.

¿Y la motivación está vinculada con las emociones? Sin duda lo está y depende también del entorno y la interacción que tengamos con los demás. Es así como los impulsos, deseos y necesidades se mueven de acuerdo al control de todas las variantes que giran a nuestro alrededor, pero para que avancen en un ritmo adecuado debemos saber manejar el equilibrio; permitiéndonos así, apreciar y expresar nuestras propias emociones para entender las de los demás.

Parece sencillo, pero es algo que se va trabajando con dominio personal. Somos seres humanos que sentimos, nos movemos y pensamos. Lo importante es tener en cuenta que cuando tratamos con personas se involucran las emociones más allá de una decisión fría. Para ello, lo más indicado es trabajar el control entre lo personal y social, quitándonos el patrón rígido y dejándonos llevar en determinadas ocasiones por lo que algunos denominan: “corazonada”. El factor humano no se puede perder, lo que siempre debe existir es el autocontrol o balanza entre lo que nos mueve y lo que decidimos.

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La voluntad de hacer el bien

Por Alejandro Marcano Sangronis: @alexmarcano26

¡Hacer el bien sin mirar a quién! Una expresión que seguramente hemos escuchado en varias oportunidades. Sin duda parece sencillo, pero no todos saben cómo lograrlo. Quizás algunos pueden determinarlo a través de donaciones, otros lo pueden hacer sirviendo a los demás. Son muchas las formas o las manifestaciones que podrían definir un “acto de bien”, pero para que realmente tengan este calificativo deben nacer desde la voluntad más que de la obligación o el compromiso; por eso, el principal paso para -hacer el bien- es empezar desde nosotros mismos.

Una sociedad más humana es la que se establece con personas que día a día llevan consigo el principio de aportar, pensando en las consecuencias de sus comportamientos para vivir estables con la convicción de no afectar a otros. ¿Pero cómo se logra esto? La clave está en analizar lo que la conciencia nos hace ver como algo bueno, y eso debe ser combinado con las responsabilidades a las que estamos llamados como ciudadanos desde nuestro trabajo, familia y comunidad en la que nos desenvolvemos.

El primer paso para establecer lo que está bien es estudiarnos a nosotros mismos, permitiéndonos valorar lo que somos. Con ello estamos llamados a razonar cuáles son nuestros defectos y cualidades para así buscar canalizar los aspectos negativos y afianzar los positivos. Desde esa perspectiva, las acciones hacia los demás partirán con una satisfacción personal sin complejos, ni comparaciones, ni apariencias.

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Otro de los grandes pasos se afianza en escuchar. Es más común hablar, pero el gran secreto de aportar está en comprender lo que la gente siente y anhela. Así, además de conocer perspectivas distintas podremos establecer criterios de alianza mediante el debate. Esta gran virtud nos permite ir más allá para percibir lo que hace felices a los demás y lo que nosotros podemos contribuir en dirección a esa felicidad.

La amabilidad también juega un papel preponderante si existe la disposición de hacer el bien. Un acto de bondad, de generosidad o de cortesía puede transmitir alegría y ése es un paso valioso con el que se logra la empatía. El verdadero reto es ir más allá de lo básico y mostrar nuestro espíritu de apoyo y servicio a quienes quizás no han sido tan gentiles con nosotros. Es el ejemplo la mejor forma de educar.

Nuestro rol como ciudadanos es otro aspecto de valor. Estamos llamados a hacer que el mundo sea un mejor lugar y para lograrlo debemos contribuir desde lo personal en el rol que tenemos dentro de una comunidad; respetando las señales de tránsito, no botando basura en la calle, contribuyendo a mantener las áreas verdes colectivas, recogiendo las heces de nuestras mascotas, trabajando en conjunto por las mejoras de la zona en la que vivimos. Parecen pequeñas y sencillas cosas, pero cuánto afecta cuando en lo global no se cumplen. Por ello, hacer que se lleven a cabo determinará el progreso del entorno en el que nos desenvolvemos.

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Dentro de la disposición de hacer el bien, ponernos en los zapatos de los demás es una acción clave, entendiendo que existen distintas maneras de pensar y buscando ver más allá de lo que creemos. De esa forma estaremos siendo más sensibles y abiertos a nuevas opiniones. Esto además nos dirige a comprender que al igual que nosotros, las personas cometen errores; permitiéndonos así desarrollar la vital virtud del PERDÓN como fórmula de sanación con la gente y con nuestro propio interior.

Aceptar a todos por igual y sin prejuicios también es fundamental, sin importar raza, edad, orientación sexual, condición física o cultura. Es en la diversidad donde está la fórmula de progreso y el RESPETO A LAS DIFERENCIAS determina en gran medida el avance de las sociedades.

Son muchas las maneras de buscar el bien, pero lo fundamental con ello es ver que todos tenemos derechos y que podemos actuar sin afectar a los demás y con la disposición de aportar. Con ello construimos relaciones saludables, generamos empatía, pero lo realmente valioso de hacer el bien es la satisfacción que sentimos y que se convierte en un remedio para prevenir la depresión o el estrés, ya que con esta práctica nos llenamos de paz y mejoramos el estado de ánimo. ¡Vale la pena dirigirnos por esta ruta!

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El respeto a los compromisos es RESPONSABILIDAD

Escrito por: Alejandro Marcano

Gran parte del éxito personal y de la sociedad como un todo se debe a la responsabilidad. Este valor no es más que la cualidad que tenemos en la toma de decisiones y en el compromiso con los demás, siendo un atributo fundamental para alcanzar metas comunes de superación.

Cuando somos responsables, cumplimos con las obligaciones a todo nivel, haciéndolo de manera acertada y consciente. Asumir las consecuencias de nuestros actos y responder por ellos, también demuestra el sentido de importancia que tiene este valor dentro de la vida en colectivo.

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Desde un punto de vista global, la responsabilidad se desarrolla en varias dimensiones: inicialmente en la que debemos tener con nosotros mismos para alcanzar lo que anhelamos y para elegir las acciones que conlleven a nuestra felicidad en el marco de lo moral y lo ético. También existe la responsabilidad con las funciones que realizamos y el tiempo en el que lo hacemos, el ser responsables con los gastos, y finalmente, la responsabilidad ante un entorno que demanda atención y una conducta de colaboración para su correcta evolución.

Lo más especial de esta virtud es que se apoya en el respeto de la palabra dada; por eso, muchas personas generan confianza cuando hacen ver el valor de ser responsables. Esto no quiere decir que no se puedan cometer errores, pero lo verdaderamente esencial es aceptarlos con humildad y madurez, teniendo la conciencia y disposición para buscar repararlos.

La responsabilidad tiene un alto impacto en la estabilidad de las relaciones y es que ella se afianza en el sentido juicioso que ponemos en cada uno de nuestros actos, siempre con la disposición de hacer las cosas bien desde el principio hasta el final. Por eso, las personas responsables se mueven con base en la justicia sobre el cumplimiento del deber en todos los ámbitos.

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Siendo éste un valor difícil de alcanzar, requiere de un amplio esfuerzo, teniendo en claro que cada cosa que hacemos lleva a una consecuencia que depende de nosotros mismos. De igual forma, debemos reflexionar ante cualquier decisión para comprometernos con lo que realmente sepamos que podemos cumplir. No menos importante es educar a quienes nos rodean, a fin de hacer una cadena virtuosa que permita establecer comunidades sólidas.

Si en un rol personal aportamos la dosis necesaria de compromiso en relación al papel que tenemos como parte de la sociedad, sumaremos sentido de responsabilidad en el entorno positivo que anhelamos y que estamos llamados a construir con nuestros pasos.

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LEALTAD: Una virtud de fidelidad y compromiso

Por Alejandro Marcano Sangronis: @alexmarcano26

Nace de la conciencia y nos conduce a cumplir con lo que nos hemos comprometido, aún en situaciones complejas o cambiantes. Con ella rendimos respeto y valor a la confianza que nos depositan. Esos son los principales atributos que nos identifican como personas leales; y es que hablar de esta virtud nos relaciona directamente con la fidelidad que mostramos ante un individuo, la comunidad o una organización, basados en la dedicación y en el propósito de defender lo que creemos y en quienes creemos.

Por estar estrechamente vinculada a los valores éticos y morales, la lealtad nos lleva a alcanzar relaciones sólidas, ya que se respalda de la honradez y la rectitud. Hoy rendimos tributo a este principio tan necesario para la evolución de la sociedad. Parece que con el pasar del tiempo se le ha restado importancia a la promesa y es precisamente en estos instantes cuando estamos llamados a corresponder, siendo obedientes de las normas, el honor y la gratitud hacia los demás.

Para alcanzar la verdadera lealtad se debe tener en cuenta que no sólo es parte de un sentimiento de afecto; ella se afianza en saber elegir lo que es correcto. Ahora, su carencia conlleva al engaño y es considerada como una traición. ¿Pero qué actitudes pueden verse como desleales? Las críticas que se apoyan únicamente en los defectos sin reconocer las cualidades, divulgar algo que nos han confiado de manera confidencial, cuestionar a alguien por su manera de ser sin antes ayudarle a que supere lo que nos incomoda, la falta de compromiso con un determinado trabajo, abandonar una amistad por razones injustificadas o sin mayor peso.

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Cuando practicamos la lealtad no sólo contribuimos con los demás, y es que ponerla en marcha también nos permite darle una forma más adecuada a nuestra vida para ser personas de bien.

¿Y de qué manera podemos afianzar este valor?

  • Principalmente, entendiendo que no es una virtud sencilla, ni tiene que ver con los sentimientos o emociones. Para ello debe existir la disposición de mejorar y ayudar a los demás a hacer lo mismo
  • Reconociendo los pactos de fidelidad establecidos a través de una amistad o una pareja, ya que representa el compromiso de estar en las buenas y en las malas
  • Reflexionando para analizar si somos congruentes entre nuestro comportamiento diario y los principios que buscamos defender
  • Dando valor a la palabra y a la promesa, haciéndolo en serio y pensando en las consecuencias que esto representa
  • Buscando aportar para defender los derechos de personas necesitadas.

Lo más especial de la lealtad es que no es una virtud que pueda pagarse con dinero y por lo general se busca retribuir, ya que siempre quedarán las ganas y el compromiso de defender a quienes nos han ayudado, sacando la cara por ellos ante cualquier adversidad, lo que hace que sea una acción multiplicadora. Con este y otros valores, lo fundamental es darlos a conocer y reforzarlos para lograr el cambio de actitud en positivo que nos permitirá construir un mejor entorno.

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La recompensa de aplicar la CORTESÍA

Por Alejandro Marcano Sangronis: @alexmarcano26

Es un valor de masas, de comunidades, de relacionamiento, de convivencia. Hablar de cortesía es referirnos a esas virtudes de amabilidad y cordialidad que vemos reflejadas en determinadas personas. Corresponde en muchos casos a normas o tradiciones establecidas por la sociedad; pero son precisamente esas reglas de comportamiento las que han generado la armonía entre los seres humanos; armonía que parece que con el tiempo ha ido disminuyendo por la ausencia de este principio de buenos modales y costumbres. ¿La recompensa? Es mucho lo que se puede conquistar desde lo cortés.

El respeto y afecto por los demás deja de manifiesto este importante valor. Pensemos por un momento en nuestro día a día y veamos con detenimiento cómo el espacio en el que nos desenvolvemos ha marchado en positivo a través de un simple saludo, una sonrisa, un abrazo fraterno, una ayuda para obtener algo que está retirado de nosotros o simplemente, una palabra conciliadora que evite un enfrentamiento con una persona de temperamento impulsivo. Estos son ejemplos sencillos de lo mucho que se puede lograr a través de la cortesía; ya que ella representa por naturaleza, la calidad de integración y es ése el mejor antídoto para vivir en comunidad.

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Lo preocupante de todo esto es ver cómo las nuevas generaciones carecen de tan necesaria virtud y en muchas ocasiones no existe ni siquiera el espíritu de servicio para seres humanos en desventaja como los adultos mayores o personas con discapacidad. Los hábitos o conductas se aprenden desde la infancia y al observar hoy en día a una sociedad carente de cortesía, lo que denota es la ausencia de comunicación en la familia. El ritmo acelerado en el que nos encontramos actualmente ha llevado a un desarrollo principalmente desde lo individual y es ahí donde vemos a adolescentes despreocupados por la necesidad de otros. ¿El resultado? Una colectividad que algunas veces puede caer en el egoísmo. Por eso, estamos llamados a volver a lo básico como fórmula de conexión, desde la educación y el respeto para impulsar las buenas relaciones en pro del bienestar del entorno en el que nos encontramos.

El verdadero secreto de la cortesía se afianza en el afecto y la consideración hacia los demás, lo que nos direcciona a una vida más placentera porque al final de cuentas, esperamos que sea una acción recíproca; por eso, cuando la ponemos en práctica, se facilita la convivencia con quienes nos rodean. Existen fórmulas o elementos básicos que permiten hacer de esta virtud, una práctica cotidiana; su éxito depende de una entrega auténtica y voluntaria, unida a reglas de oro, tales como:

  • Tratar a cada ser humano como me gustaría que nos traten a nosotros
  • Saludar afectuosamente
  • Intentar mantener siempre la disposición para sonreír
  • Aplicar y fomentar la amabilidad
  • Escuchar atentamente las demás opiniones y respetar si son distintas a las nuestras
  • Conservar en todo momento, expresiones tan esenciales como: “gracias”, “por favor” o “disculpe”
  • Cultivar el espíritu de servicio
  • Ayudar de forma desinteresada a quien lo necesite.

A través de la cortesía podemos nutrirnos de los demás y también aportar en ellos, lo mejor de nosotros, teniendo como recompensa, una sociedad de éxito basada en el respeto mutuo y en la ayuda fraterna.

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LA HONESTIDAD: El apego a la verdad

Por Alejandro Marcano Sangronis: @alexmarcano26

Cuando en nuestra vida se ligan las creencias, valores, costumbres, principios y responsabilidades, posiblemente surgen una serie de interrogantes internas que en algunas ocasiones son difíciles de contestar; y es que no es más que un enfrentamiento con nosotros mismos por asumir la verdad; no la que quisiéramos ni la que creemos, sino la real, la única, la de principios éticos y morales. Es en ese momento cuando nos involucramos con la honestidad que no es más que una cualidad humana, justa y coherente que nos lleva a expresarnos y comportarnos con sinceridad.

En muchas ocasiones nos cuesta asumir la verdad por las consecuencias que ésta implica, ya que puede representar pérdidas o sacrificios; por eso la honestidad es una decisión personal que adoptamos libremente, teniendo la certeza de que hacemos lo correcto. Es ahí donde queda claro que en principio debe vivirse de forma individual, y es que inicialmente necesitamos ser honestos con nosotros mismos para conquistar nuestra propia paz y armonía.

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Hoy por hoy se nos hace difícil creer en los demás, y eso es consecuencia de una sociedad que está utilizando sus propios intereses sin pensar en lo colectivo. Así, con el tiempo se ha ido formando un entorno deshonesto donde parece más fácil sacar ventaja de las situaciones obviando responsabilidades. Para poder avanzar en conjunto necesitamos tener el respaldo, seguridad y credibilidad de quienes nos rodean; por eso, la mejor manera de alcanzar un camino en comunidad donde exista el respeto hacia el otro es precisamente incorporando la honestidad como forma de vida.

¿Y de qué forma podemos ser honestos? Fundamentalmente en la sinceridad de nuestras acciones, cumpliendo con los compromisos adquiridos, aceptando las fallas que podemos tener y trabajando para mejorarlas, evitando la crítica destructiva, no apropiándonos de lo que no nos pertenece, siendo discretos en lo que nos confiesan, buscando que las relaciones con las personas sean francas y abiertas.

Al final de cuentas, la mayor recompensa es la tranquilidad y la forma de conseguirla es aceptar la verdad por difícil que sea, apegándose a ella. Una persona honesta logra atraer la confianza y eso se convierte en respeto de quienes le rodean, valorando sus palabras y acciones con transparencia.

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LA PACIENCIA: Una virtud de grandes decisiones

Por Alejandro Marcano Sangronis: @alexmarcano26

Posiblemente es éste uno de los valores con mayor dificultad de aplicar, y aún más, en un entorno tan acelerado que nos atrapa y nos envuelve con la rapidez que cambia todo. Por encima de ello, la paciencia es una virtud tan necesaria para manejar las adversidades y situaciones complejas que se nos presentan. ¿La recompensa? Decidir con autocontrol, sabiendo que las acciones en momentos difíciles tienen mejor resultado cuando se toman desde la calma.

En cada proyecto, objetivo o meta trazada debemos tener en claro que nos vamos a cruzar con situaciones complejas que posiblemente alterarán el plan inicial que nos habíamos propuesto. Precisamente ahí, la paciencia juega un peso primordial para saber controlar los reveses sin perder el foco de lo que anhelamos. Por eso se dice que este importante valor está tan ligado con la madurez, firmeza, equilibrio y perseverancia.

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Quienes son pacientes piensan siempre en soluciones para tomar mejores decisiones, aceptando las pruebas que se les presentan, creciendo a través de ellas y viendo los obstáculos como oportunidades, ya que al final de cuentas, los tiempos no siempre se dan como los planificamos y cuando sabemos canalizarlos en nuestro beneficio, podemos incluso nutrirnos con calidad de vida.

Para desarrollar internamente la paciencia, lo fundamental es dominar las inquietudes, enfocados en que llegarán mejores momentos. También debe haber noción de comprender lo que realmente requiere de una espera y lo que vale la pena mantener con esfuerzo constante. De igual modo, una actitud paciente invita a canalizar las emociones, creando armonía para el bien personal y colectivo.

Por el contrario, la impaciencia naturalmente es una mala consejera, y es que la impulsividad trae frustración al querer tener el dominio de las situaciones que no en todo instante se pueden controlar. Cuando somos impacientes, sólo nos enfocamos en lo que queremos, sin ver que puede ser mucho más placentero el camino que la propia meta.

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¿Y entonces, vale la pena vivir pacientemente? Son éstas algunas de las recompensas de la paciencia, así que saca tus propias conclusiones:

  • Nos enseña a saber esperar el momento justo y adecuado
  • Nos da las palabras indicadas para transmitirlas con serenidad
  • Nos hace callar cuando es conveniente, evitando conflictos
  • Evita que tomemos malas decisiones que luego son difíciles de cambiar
  • Nos ayuda a saber convivir de la mejor manera
  • Si se fomenta y aplica de la mejor forma, permite que se alcancen otras virtudes como la tolerancia, la justicia y la templanza, entre otros
  • Nutre de equilibrio y valor a nuestra personalidad
  • Nos hace más fuertes para saber llevar los contratiempos con autodominio y madurez
  • Nos da constancia en lo que anhelamos, intentando las veces que sean necesarias sin abandonar el propósito trazado
  • Permite ver con claridad, el origen de los problemas para trabajar en las mejores alternativas de solución.

Por ello, la paciencia es un valor de dignidad, ya que nos permite ver un resultado más favorable a futuro, bien sea por el paso del tiempo, la constancia o hacer las cosas indicadas en el momento adecuado. Su mayor virtud es el control que trae consigo, el espacio para pensar y razonar lo que vamos a decir o cómo vamos a actuar. Eso al final de cuentas se convierte en un equilibrio interior muy difícil de lograr, pero nunca imposible de conquistar.

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La paciencia es un árbol de raíz amarga, pero de frutos muy dulces. (Anónimo)