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La voluntad de hacer el bien

Por Alejandro Marcano Sangronis: @alexmarcano26

¡Hacer el bien sin mirar a quién! Una expresión que seguramente hemos escuchado en varias oportunidades. Sin duda parece sencillo, pero no todos saben cómo lograrlo. Quizás algunos pueden determinarlo a través de donaciones, otros lo pueden hacer sirviendo a los demás. Son muchas las formas o las manifestaciones que podrían definir un “acto de bien”, pero para que realmente tengan este calificativo deben nacer desde la voluntad más que de la obligación o el compromiso; por eso, el principal paso para -hacer el bien- es empezar desde nosotros mismos.

Una sociedad más humana es la que se establece con personas que día a día llevan consigo el principio de aportar, pensando en las consecuencias de sus comportamientos para vivir estables con la convicción de no afectar a otros. ¿Pero cómo se logra esto? La clave está en analizar lo que la conciencia nos hace ver como algo bueno, y eso debe ser combinado con las responsabilidades a las que estamos llamados como ciudadanos desde nuestro trabajo, familia y comunidad en la que nos desenvolvemos.

El primer paso para establecer lo que está bien es estudiarnos a nosotros mismos, permitiéndonos valorar lo que somos. Con ello estamos llamados a razonar cuáles son nuestros defectos y cualidades para así buscar canalizar los aspectos negativos y afianzar los positivos. Desde esa perspectiva, las acciones hacia los demás partirán con una satisfacción personal sin complejos, ni comparaciones, ni apariencias.

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Otro de los grandes pasos se afianza en escuchar. Es más común hablar, pero el gran secreto de aportar está en comprender lo que la gente siente y anhela. Así, además de conocer perspectivas distintas podremos establecer criterios de alianza mediante el debate. Esta gran virtud nos permite ir más allá para percibir lo que hace felices a los demás y lo que nosotros podemos contribuir en dirección a esa felicidad.

La amabilidad también juega un papel preponderante si existe la disposición de hacer el bien. Un acto de bondad, de generosidad o de cortesía puede transmitir alegría y ése es un paso valioso con el que se logra la empatía. El verdadero reto es ir más allá de lo básico y mostrar nuestro espíritu de apoyo y servicio a quienes quizás no han sido tan gentiles con nosotros. Es el ejemplo la mejor forma de educar.

Nuestro rol como ciudadanos es otro aspecto de valor. Estamos llamados a hacer que el mundo sea un mejor lugar y para lograrlo debemos contribuir desde lo personal en el rol que tenemos dentro de una comunidad; respetando las señales de tránsito, no botando basura en la calle, contribuyendo a mantener las áreas verdes colectivas, recogiendo las heces de nuestras mascotas, trabajando en conjunto por las mejoras de la zona en la que vivimos. Parecen pequeñas y sencillas cosas, pero cuánto afecta cuando en lo global no se cumplen. Por ello, hacer que se lleven a cabo determinará el progreso del entorno en el que nos desenvolvemos.

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Dentro de la disposición de hacer el bien, ponernos en los zapatos de los demás es una acción clave, entendiendo que existen distintas maneras de pensar y buscando ver más allá de lo que creemos. De esa forma estaremos siendo más sensibles y abiertos a nuevas opiniones. Esto además nos dirige a comprender que al igual que nosotros, las personas cometen errores; permitiéndonos así desarrollar la vital virtud del PERDÓN como fórmula de sanación con la gente y con nuestro propio interior.

Aceptar a todos por igual y sin prejuicios también es fundamental, sin importar raza, edad, orientación sexual, condición física o cultura. Es en la diversidad donde está la fórmula de progreso y el RESPETO A LAS DIFERENCIAS determina en gran medida el avance de las sociedades.

Son muchas las maneras de buscar el bien, pero lo fundamental con ello es ver que todos tenemos derechos y que podemos actuar sin afectar a los demás y con la disposición de aportar. Con ello construimos relaciones saludables, generamos empatía, pero lo realmente valioso de hacer el bien es la satisfacción que sentimos y que se convierte en un remedio para prevenir la depresión o el estrés, ya que con esta práctica nos llenamos de paz y mejoramos el estado de ánimo. ¡Vale la pena dirigirnos por esta ruta!

En nuestras redes sociales estamos a disposición para interactuar sobre éste y otros temas con el firme propósito de construir en conjunto, un mejor entorno. @hablemosvalores en Instagram y Twitter es la cuenta para que se unan y la compartan con sus seguidores.

 

LEALTAD: Una virtud de fidelidad y compromiso

Por Alejandro Marcano Sangronis: @alexmarcano26

Nace de la conciencia y nos conduce a cumplir con lo que nos hemos comprometido, aún en situaciones complejas o cambiantes. Con ella rendimos respeto y valor a la confianza que nos depositan. Esos son los principales atributos que nos identifican como personas leales; y es que hablar de esta virtud nos relaciona directamente con la fidelidad que mostramos ante un individuo, la comunidad o una organización, basados en la dedicación y en el propósito de defender lo que creemos y en quienes creemos.

Por estar estrechamente vinculada a los valores éticos y morales, la lealtad nos lleva a alcanzar relaciones sólidas, ya que se respalda de la honradez y la rectitud. Hoy rendimos tributo a este principio tan necesario para la evolución de la sociedad. Parece que con el pasar del tiempo se le ha restado importancia a la promesa y es precisamente en estos instantes cuando estamos llamados a corresponder, siendo obedientes de las normas, el honor y la gratitud hacia los demás.

Para alcanzar la verdadera lealtad se debe tener en cuenta que no sólo es parte de un sentimiento de afecto; ella se afianza en saber elegir lo que es correcto. Ahora, su carencia conlleva al engaño y es considerada como una traición. ¿Pero qué actitudes pueden verse como desleales? Las críticas que se apoyan únicamente en los defectos sin reconocer las cualidades, divulgar algo que nos han confiado de manera confidencial, cuestionar a alguien por su manera de ser sin antes ayudarle a que supere lo que nos incomoda, la falta de compromiso con un determinado trabajo, abandonar una amistad por razones injustificadas o sin mayor peso.

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Cuando practicamos la lealtad no sólo contribuimos con los demás, y es que ponerla en marcha también nos permite darle una forma más adecuada a nuestra vida para ser personas de bien.

¿Y de qué manera podemos afianzar este valor?

  • Principalmente, entendiendo que no es una virtud sencilla, ni tiene que ver con los sentimientos o emociones. Para ello debe existir la disposición de mejorar y ayudar a los demás a hacer lo mismo
  • Reconociendo los pactos de fidelidad establecidos a través de una amistad o una pareja, ya que representa el compromiso de estar en las buenas y en las malas
  • Reflexionando para analizar si somos congruentes entre nuestro comportamiento diario y los principios que buscamos defender
  • Dando valor a la palabra y a la promesa, haciéndolo en serio y pensando en las consecuencias que esto representa
  • Buscando aportar para defender los derechos de personas necesitadas.

Lo más especial de la lealtad es que no es una virtud que pueda pagarse con dinero y por lo general se busca retribuir, ya que siempre quedarán las ganas y el compromiso de defender a quienes nos han ayudado, sacando la cara por ellos ante cualquier adversidad, lo que hace que sea una acción multiplicadora. Con este y otros valores, lo fundamental es darlos a conocer y reforzarlos para lograr el cambio de actitud en positivo que nos permitirá construir un mejor entorno.

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El respeto como valor principal

Por Alejandro Marcano Sangronis: @alexmarcano26

Las sociedades sanas y evolutivas fomentan el respeto como principio de vida entre sus integrantes. Si bien es cierto que esta virtud la escuchamos desde pequeños, parece que muchas veces la esquivamos o quizás no tenemos en claro la profundidad e importancia que posee.

Referirnos al respeto es ante todo tener en claro que cada persona cuenta con derechos fundamentales: -libertad, protección, dignidad- por nombrar algunos; pero más allá de eso, desde nuestra perspectiva individual consiste en valorar y aceptar las diferencias de los demás para así vivir armoniosamente en comunidad.

Ahora bien, para lograr aplicar el respeto de forma colectiva debemos empezar por respetarnos a nosotros mismos; sin miedo a expresar lo que sentimos o creemos, buscando además, nuestro propio espacio para progresar y comprendiendo que así como tenemos grandes fortalezas, también contamos con debilidades, las cuales no debemos utilizar para cuestionarnos, ya que reconocer las conductas positivas y negativas que poseemos es lo que realmente nos ayuda a crecer como seres humanos.

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Una vez que hemos practicado el auto-respeto entonces podemos poner en marcha tan importante valor en el trato con los demás. Lo primero que debemos hacer es establecer límites entre lo permitido y lo que se sobrepasa dentro de la convivencia; en tal caso, la fórmula mágica para comprender lo que está bien y lo que está mal es aplicar el popular refrán que muchas veces decimos, pero que quizás no nos hemos puesto a analizar en profundidad: “tratar a los demás como nos gustaría que nos traten a nosotros”, y es que no podemos exigir lo que no somos capaces de dar.

Ser respetuosos comienza con una consideración básica de los sentimientos de las personas, dándoles justo valor e incluso permitiendo que nos puedan guiar y orientar. Con ello nos hacemos ricos en pensamientos, opiniones y perspectivas, construyendo además, una atmósfera de paz y armonía. Esto al final de cuentas resulta beneficioso para todos porque con respeto podemos hacer que el mundo sea un lugar mucho más agradable.

maxresdefault (7)Por eso es tan importante arraigar el respeto como cultura de vida y para hacerlo te dejamos algunas herramientas útiles, sencillas de aplicar, quizás tan elementales para algunos, pero tan necesarias en una sociedad que reclama con urgencia volver a lo básico:

  • Sé amable, cortés y agradecido
  • Valora a cada quien por lo que es y no por lo que tiene
  • No juzgues ni critiques
  • No discrimines
  • Aplica los buenos modales y la cortesía
  • Acepta las ideas, pensamientos y comportamientos de los demás
  • Respeta los espacios que compartas con otros
  • Fomenta el diálogo, mirando a la gente a los ojos de forma firme y la vez amable
  • Escucha con atención lo que las personas te dicen.

El irrespeto, por su parte, puede generar conflictos, ya que hay actitudes que muchas veces están arraigadas en el ser humano y que hacen daño a la sociedad. El egocentrismo, la soberbia, la intolerancia, el autoritarismo, la mala educación son algunos de los comportamientos que conllevan a un clima negativo, y es que la falta de valores origina que los individuos basen sus actuaciones sólo pensando en su propia satisfacción sin importar el espacio y derecho que los otros también poseen.

Valoramos tu aporte, sugerencias y comentarios. Por eso te invitamos a comunicarte con nosotros y decirnos qué temas te gustaría que desarrollemos en próximas oportunidades. Puedes escribirnos al correo electrónico: hablemosvalores@gmail.com o contactarnos como @hablemosvalores en Instagram y Twitter.  

Hablemos de valores

La identidad, respeto y compromiso son sentimientos de acción y reacción que se desprenden del aprendizaje y de las emociones inculcadas como soporte de los pasos conscientes que damos y que se resumen en una palabra de gran peso: VALORES.

Hablar de valores es referirnos a las normas de conducta y actitudes según las cuales regimos nuestro comportamiento de acuerdo a lo que consideramos que es apropiado. Las virtudes o valores son la base para la formación humana, convirtiéndose en un elemento motivador de las actitudes que desarrollamos.

Si bien es cierto que los valores nacen de la principal organización en la que nos desenvolvemos que es la familia, ésta es sólo el impulso para la estructura que cada persona va formando de acuerdo a lo que es y no es correcto.

Hay valores comunes que nos identifican y que nos permiten trabajar en conjunto por un mismo fin, siendo verdaderos principios de vida que rigen la conducta cotidiana. Es sencillo guiar nuestros pasos con: CORDIALIDAD, hablando y actuando con agrado al momento de hacer algo por los demás. La CONFIANZA es esencial y conlleva a la formación de una buena relación. La COMUNICACIÓN es la pieza clave para entendernos. SABER ESCUCHAR nos permite también transmitir SINCERIDAD. Por último y no menos importante, AGRADECER Y SALUDAR es la garantía de lo que seguramente se transformará en aprecio.

Juntos podemos poner en marcha los elementos claves de una sana convivencia. Seamos agentes multiplicadores de las buenas prácticas, apliquemos mejores acciones que involucren a quienes nos rodean porque construir un entorno en positivo depende de cada uno de nosotros.

Recuerda que también nos puedes seguir en Instagram y Twitter a través de @hablemosvalores

Alejandro Marcano